El Motivo

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EL MOTIVO

Los motivos debemos crearlos nosotros

Es algo que debemos aprender. Con el mismo afán con que se modela una figura de arcilla o se pinta un cuadro, con nuestra cámara fotográfica reproduciremos un motivo

De todos es sabido que las mejores fotos son aquellas que “surgen” de espontáneo, sin que nosotros podamos provocarlas. Pero esas situaciones se encuentran muy rara vez, y la mayoría de las veces pasan desapercibidas delante de nuestros ojos. Otras veces cuando sacamos nuestra cámara, ya es demasiado tarde. Todos hemos visto alguna vez, un viejo con su tez quemada por el sol, liando un cigarrillo. ¡Que foto tan bonita! Pero cuando sacamos nuestra cámara y la apuntamos hacia él, nos mira con una forzada sonrisa, y enseguida esconde el cigarrillo. Sin quererlo, acaba de estropear nuestra foto.

Por eso debemos decidir entre disponer de un álbum formado por una escasa docena de fotos, o crear nosotros mismos nuestros motivos.

La mejor forma de comprender cómo componer una fotografía es tomando una mesa con un fondo de pared blanca. Hacia su superficie orientamos nuestra cámara colocada sobre el trípode. ¿Qué nos hace falta para tener un motivo? Pues un poco de luz y un poco de sombra. Esto solo se puede conseguir, colocando un objeto sobre la mesa, que se interponga a los rayos de luz. Unas simples gafas posadas de cualquier forma sobre la mesa, ya constituyen un motivo para nuestra foto. Ahora, tomamos la fuente de luz, la movemos a izquierda y derecha, movemos a un lado y otro nuestra cámara, añadimos alguna fuente de luz suplementaria, o también algún objeto más, para ir componiendo la fotografía. Solo estaremos satisfechos, cuando a través de nuestro objetivo, veamos una imagen que podemos observar con placer y satisfacción interior.

Todo esto se puede aplicar a la naturaleza, una ciudad, un retrato, etc., en los que a veces no podemos mover los objetos, pero si la cámara o las luces, para componer la escena.

Discriminación

La cámara solo capta lo que ve por su objetivo. Cuantas veces hemos visto en el papel una fotografía de un edificio que no nos dice absolutamente nada. Recordamos que cuando tomamos la fotografía, nos dijeron en que ese edificio había nacido Cervantes, pero la cámara no sabe nada de todo esto.

Ver en detalle significa, por tanto, liberarnos interior y exteriormente de todo aquello que no es captado por el objetivo de la cámara. Concientizarnos, de que lo que estamos viendo, es exactamente lo que aparecerá en la foto.

El detalle

No debemos fotografiar demasiadas cosas en un solo negativo. A no ser que queramos meter el mundo en un solo carrete.

Para esto debemos seguir las siguientes pautas:

1. Ordenar mentalmente los objetos que aparecen delante de nuestra vista, para eliminar los innecesarios.

2. Utilizar un teleobjetivo con el fin de acercar la imagen al motivo deseado.

3. Acercarnos al objeto a representar, si no disponemos de un teleobjetivo.

4. Trabajar con el diafragma abierto, a fin de concentrar toda la nitidez en el objeto, dejando borroso el primer plano y el fondo.

5. Colocar el motivo delante de un fondo “tranquilo”, pues demasiados contrastes en el fondo, llevarían nuestros ojos hacia allí.

La mejor posición

Hay determinadas fotografías de lugares famosos, que están en todos los álbumes. Fotografías de la torre de Pisa, o del Tajh Mahal o las pirámides de Egipto, o el Cristo en Brazil, siempre son tomadas desde aquel sitio donde nos “depositan” los guías.

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Y parece que siempre utilizan las mismas poses.

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Pero reconoceremos a un fotógrafo que se sale de la rutina, por sus zapatos manchados de barro, o porque le vemos arrojado en el suelo, fotografiando el Tajh Mahal a través de los radios de la rueda de una bicicleta.

Salte de las normas, y fotografía las cosas de forma particular. Mueve la cámara en la horizontal, y acércate a los objetos. Mueve la cámara en la vertical, y sitúate a la altura de los objetos. Una fotografía de un lagarto, o de un niño que comienza a caminar, es mucho más atractiva tomándola a su altura. Tuerce si es necesario la cámara para evitar las simetrías.

Un ejemplo de interesante posiciones y perspectiva utilizadas por el maestro Brandt:

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Puesta en escena

Poner en escena, significa introducir nuevos elementos en la fotografía que la realcen. Una fotografía de unas montañas llenas de nieve al fondo, es mucho más llamativa, si introducimos en escena, una rama de un árbol florido que esté en primer plano. Aunque estas ramas queden con poca nitidez, lo importante es que se adivinen, y obtengamos nítidas las montañas, si es el objetivo de nuestra foto.

Ninguna montaña sin sus alpinistas, ningún riachuelo sin canoa o tronco flotando, ningunas pirámides de Egipto sin sus camellos en primer plano son ejemplos que debemos tener en cuenta si no queremos que nuestras fotos resulten aburridas. Pero no debemos caer en el extremo opuesto. Una fotografía cambia radicalmente, si en lugar de dos o tres personas en primer plano, hay una muchedumbre.

Y cuando no existan objetos naturales que rompan la monotonía, podemos hacer “trampa” y ponerlos nosotros mismos. No importa si en la foto de antes no hay ningún árbol florido en primer plano. Nosotros mismos podemos arrancar unas cuantas florecillas del suelo y colgarlas de cualquier sitio para que aparezcan en primer plano. O clavar los esquíes en el suelo, para simular un descanso.

Las líneas

No sabemos por qué, pero las líneas son más agradecidas a nuestra vista en una posición que en otra. Normalmente nos gusta más para un movimiento de ascensión, la línea oblicua desde la parte inferior izquierda hacia la parte superior derecha. Y para un movimiento de descenso, la diagonal en dirección contraria.

Las líneas horizontales, dan a la imagen una sensación de reposo, mientras que las verticales, de algo en movimiento y agitado.

Naturalmente, tendemos a colocar nuestro motivo en el centro de la foto. Pues hagamos unas pruebas descentrándolo, y veamos que si hemos compuesto de manera adecuada la escena, el motivo sigue siendo el mismo.

La fuerte simetría de algunas imágenes, puede ser apropiada para determinados casos, pero nuestra vista disfruta mucho más de una cierta irregularidad.

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Algunos consejos

– Las oposiciones de claro-oscuro, son muy interesantes en fotografía, pero debemos saber, que tanto si el objeto principal queda en la parte clara como en la oscura, dicha parte, no debe superar el 40% de la foto.

– Los edificios claros tiene un mejor efecto con un objeto oscuro en primer plano, sean unas escalinatas a la sombra, un árbol, etc.

– Los monumentos soleados debemos tomarlos con un fondo oscuro. Si de fondo esta el cielo aún demasiado claro, pondremos un filtro gris o naranja degradado.

– Como norma general, debemos fotografiar los objetos claros con un fondo oscuro, y viceversa.

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– Toda imagen tiene más plasticidad si algunas partes de motivo nítidas se desatan del ambiente captado con menor nitidez.

– La luz de frente o vertical crea imágenes aburridas. La luz lateral forma sombras que darán a nuestras fotos un aspecto vivo.

– Siempre debemos buscar el fondo lo más claro posible, y el primer plano lo más oscuro posible.

– Nunca debemos ahorrar un disparo. Quizá ese era el único que debíamos haber tomado.